Atrapado en Territorio Enemigo, últimos capítulos

Éstos son los últimos capítulos de Atrapado en Territorio Enemigo. Los que hayáis seguido todo el relato (que supongo que son pocos, por no decir ninguno) habréis deseado este momento. Espero que el desenlace no os decepcione.

Para leer los últimos relatos, seguid leyendo este artículo.

Capítulo 39

Trevor estaba ahora en una situación extrema. Todo está a punto de ser borrado del mapa y él se encontraba en el peor sitio posible: a una considerable altura, lejos tanto de la base como de la cumbre. Para colmo, un chorro de petróleo salió hacia arriba por el centro de la estructura y se incendió, provocando una llamarada que ascendía, incendiando prácticamente toda la estructura.

El calor era insoportable. Trevor veía como única solución ir hacia arriba por la parte exterior. La estructura empezaba a deformarse más y más por culpa de las temperaturas, que derretían las vigas. La estructura se inclinaba poco a poco hacia la refinería. Trevor seguía escalando a duras penas. Le quedaban 30 metros de dura escalada, y las elevadas temperturas de las vigas de la estructura empezaban a destrozarle los guantes y a agobiarle.

Los que estaban en el helicóptero veían una escena dantesca: una estructura incendiada por cuyo centro ascendía una gran llamarada, y una persona escalando desesperadamente, entre las llamas, intentando evitar una muerte segura. Claudia estaba paralizada, llorando por impotencia. Deseaba lanzarse para ayudarle, pero no era una idea sensata. Daniel también observaba, inmóvil, cómo su hijo estaba ante las mismísimas puertas de la muerte.

Pese a que nadie daría un duro por su supervivencia, Trevor seguía trepando, pese a que se estaba quemando las manos. 20 metros para alcanzar la cima…

Otra fuerte explosión sacudía toda la zona peligrosamente, y la estructura empezaba a caerse hacia la refinería. Trevor sacó fuerzas de flaqueza y aceleró la velocidad de escalada.

¡¡¡Trevor ya estaba a 15 metros de la cima!!! Pero él ya no podía subir más. No le quedaban fuerzas ni ganas de seguir escalando. Estaba cansado y rendido. La estructura seguía inclinándose más hacia la refinería, por la cara opuesta a donde estaba trepando Trevor. La llamarada le pasaba muy cerca

A Claudia le pasó una idea como un relámpago, y se dirigió al piloto del helicóptero.

- ¡¡¡Piloto!!! ¡¡¡Aproxímese a la estructura por el lado derecho, sobrevolando al sargento O’Donnell!!!
- ¿Qué dice, sargento? ¿Está usted loca? – preguntó el piloto, nada convencido.
- ¡¡¡OBEDEZCA!!! – gritó ésta, mientras se ponía un arnés y se enganchaba un cable.
- Piloto, obedezca la orden – dijo con firmeza el coronel, que ayudaba a Claudia a preparar el arnés – Cuando digas, te bajamos.

Claudia asintió. El helicóptero trataba de colocarse sobre Trevor, pero la estructura oscilaba mucho… demasiado.

- ¡¡¡SEÑOR!!! ¡¡¡ES IMPOSIBLE COLOCARSE EXACTAMENTE ENCIMA DEL SARGENTO!!! ¡¡¡LA ESTRUCTURA OSCILA DEMASIADO!!! – exclamó el piloto.
- ¡Siga intentándolo! – ordenó Daniel, que acto seguido se dirigió a Claudia – Claudia, es muy peligroso…
- Me da igual… no pienso dejarle morir – contestó ésta, con total seguridad – Voy a descender ahora. Bajadme.

Claudia empezó a descender por medio del cable. Trevor oscilaba de un lado para otro, sobre la estructura. El rescate era casi imposible, prácticamente habría que agarrarle al vuelo y procurar no acercarse a las llamaradas. Ella ya estaba a su altura, pero le tenía lejos. No podía haber ningún error. Trevor veía cómo ella intentaba rescatarle, y temía por su vida.

- ¡Claudia! ¿Estás loca? ¡Nos vamos a matar los dos! ¡Lárgate! ¡Esto va a volar por los aires!

Claudia guardaba silencio, derramando lágrimas. La estructura no paraba de oscilarse, alejándose en ese momento de la posición de Claudia.

- No me importa… eres lo único que vale la pena en mi vida, y no pienso perderte sin intentar salvarte… ¡¡¡AUNQUE POR ELLO PERDIERA MI VIDA!!! – Claudia cerró los ojos por un momento, secándose las lágrimas – Te amo… y no quiero perderte…

Trevor se quedó sin palabras. Sabía que como mucho habría una sola oportunidad de lograr salir de ésta, y ésta era muy remota. Estaba rendido, resignado a morir… pero no soportaba ver las lágrimas de la mujer a la que amaba, y eso le enfurecía.

¡¡La estructura empezaba a inclinarse hacia la posición de Claudia!! Trevor, con rabia y haciendo un esfuerzo titánico, se incorporó, tomó impulso y, gritando, saltó hacia Claudia. Ésta extendió su mano hacia él, a la vez que éste se estiraba más de lo que nunca lo había hecho, para tratar de conseguir llegar a Claudia… ¡y lo consiguió! Ella tiró de él hacia sí, y éste se abrazó a ella rodeando sus brazos alrededor de su cuello.

Daniel vió cómo Claudia había logrado rescatarle. Se dirigió rápidamente al piloto.

- ¡¡¡PILOTO!!! ¡¡¡SÁCANOS DE ESTE INFIERNO!!!

El helicóptero se alejaba rápidamente del lugar mientras recogían a Claudia y a Trevor. Éstos dos, aún colgando, contemplaban la estructura en llamas, cómo finalmente se derrumbaba sobre la refinería. Instantes después, una explosión enorme sacudía toda la zona… ¡provocando una tubulencia en el helicóptero!

¡Éste oscilaba peligrosamente sin control y descendía hacia el bosque, zarandeando violentamente a Trevor y Claudia! El piloto tiraba con todas sus fuerzas del control, tratando de evitar estrellarse. Tras unos segundos de máxima tensión, el piloto recuperó el control del helicóptero, y ya todos pudieron soltar un suspiro de alivio. Después de aquello, recogieron del cable a Trevor y Claudia.

- ¡Uff! ¡Por poco nos comemos los árboles! – exclamó Trevor, sonriente.

Él estaba hecho polvo, pero ya se sentía genial, con el deber cumplido y al lado de la mujer a la que amaba. Claudia le abrazó con fuerza. No quería soltarle, como si temiera perderle si le soltaba (continuará…)

Epílogo

Una semana después del suceso de la plataforma petrolífera, Trevor y Claudia fueron condecorados con la Medalla de Honor y la Estrella de Plata, respectivamente, en Washington. Poco después de la condecoración, el coronel O’Donnell les propuso ascenderles de rango a Teniente y darles un periodo indefinido de vacaciones. Éstos lo tomaron y se perdieron del mapa.

Pasaron 5 meses. En unos callejones de Nueva York, una mujer se encontraba en apuros. Se encontraba rodeada por un grupo de criminales con malas pintas, armados con navajas. Desde luego, no tenían buenas intenciones. Uno de ellos le puso la navaja en el cuello y le pidió que soltara el dinero. En ese instante, 2 misteriosos encapuchados hicieron aparición.

- Dejad en paz a esa mujer – dijo uno de ellos.

Uno de los macarras se dirigió amenazadoramente a los encapuchados, con navaja en mano.

- Tíos, largáos de aquí si no queréis que os… – no había terminado la frase cuando el otro encapuchado (mejor dicho, encapuchada) le propinaba una terrorífica patada voladora, dejándole inconsciente. El resto de la pandilla se dirigió a ellos, olvidándose de la pobre mujer.

- Vaya, vaya… ¿buscáis problemas? Os vamos a rajar… – dijo otro de los criminales.

Uno de los encapuchados se dirigió al que se había desecho del otro.

- Estos chicos necesitan una lección… ¿verdad, Claudia?
- Claro que sí, mi amor… – Trevor y Claudia se quitaron sus capuchas – Chicos, aprended esta lección, os aseguro que no la olvidaréis en vuestra vida…

Trevor y Claudia sonrieron maquiavélicamente, justo antes de empezar a repartir mamporros…

FIN

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