Llevo tiempo planteándome si merece la pena defender los principios de uno mismo, o si hay que dejarlos de lado y tragárselos para lograr algo.
Un ejemplo que veo de esto es el Real Madrid, ha renunciado hace años al señorío, una de las señas más identificables del club, a cambio de intentar vencer al Barcelona. Y para ello despidieron a Pellegrini (un señor como una catedral) y ficharon a Mourinho, un entrenador ganador pero que le pierde muchísimo su boca. Este año ha ganado la Copa del Rey (sí, esa copa que a Ramos se le cayó y que el autobús arrolló), y parece que ya está porque la Champions se ha puesto casi imposible (a quién se le ocurre salir a empatar a 0 en lugar de jugarle como en la primera parte de la final de Copa).
Yo me pregunto una cosa: ¿merece la pena renunciar al señorío y a la buena imagen para ganar una copa del Rey, con un juego muy táctico, rígido y rácano? Ésa no es forma de ganar para un grande como es el Real Madrid, debería ganar jugando, desplegando el poder ofensivo que posee, y no encerrándose a acabar la ida empatando a 0 y repartiendo leña, y con un entrenador que llama más la atención por sus declaraciones salidas de tono y sus quejas contra los árbitros en lugar de su buena labor en el equipo.
No señor, a mí no me gusta este Madrid, un Madrid que todo el mundo odiaría y odia. Yo prefiero a un Madrid al que todos respetan, al que muchos envidien o se maravillen con su fútbol. Pero eso hoy día solo lo hace el Barcelona, con un señor entrenador como es Guardiola.
¿Merece la pena destruir los principios de un club por una Copa del Rey? Interpolándolo a otras cosas en la vida: ¿merece la pena tragarnos nuestros principios para conseguir un empleo, para promocionar? ¿Debemos tragarnos las cosas en las que creemos y “prostituirnos”? No sé qué pensar, la verdad




